LA INDUSTRIA ASEGURADORA
Las entidades aseguradoras son
intermediarios financieros no bancarios que canalizan el ahorro hacia el
mercado de capitales. Su función más
importante es que a cambio del pago de una prima, el asegurado deje de sufrir
una pérdida económica como consecuencia de la ocurrencia de un riesgo.
Para poder cumplir ese
objetivo, las compañías de seguros tienen un pasivo en contrapartida a las
obligaciones contraídas con los asegurados, reflejado en las provisiones
técnicas.
La cartera de inversiones de
las aseguradoras dirige los recursos procedentes de la asunción de riesgos
correspondientes a los asegurados y los invierte en fondos públicos, valores
industriales, hipotecas, inmuebles, etcétera.
Desde un punto de vista
financiero, el tomador de una póliza de seguros es el prestamista que
proporciona crédito al asegurador para “fabricar” el producto (la seguridad),
convirtiéndose éste en un mero agente preocupado por colocar esos fondos en los
valores más rentables para afrontar periódicamente las devoluciones que vayan
surgiendo de entre todos aquellos que le han sido prestados.
Los rendimientos procedentes
de las inversiones obligatorias (provisiones legales y técnicas) que deben
realizar las empresas aseguradoras para el pago de posibles prestaciones
futuras y el incremento de las provisiones técnicas en los seguros de vida y pensiones,
son una fuente de ahorro como componente de la renta nacional, que debería
estar canalizado hacia activos de renta fija a medio y largo plazo, permitiendo
un crecimiento continuado de la actividad económica de las empresas que los
emiten y de los individuos que invierten su dinero y proporcionando prosperidad
para la sociedad.
La función financiera del
sector asegurador consiste, por una parte, en facilitar el traspaso de unas
unidades económicas que tienen exceso de dinero a otras que carecen de él y,
por otra, en transferir los fondos captados en las unidades económicas
ahorradoras (economías domésticas y empresas) hacia sectores productivos de la
economía e inversores, por medio de la formación de importantes stocks de capitales
(patrimonio propio y provisiones técnicas).
La actividad aseguradora, por
su naturaleza, convierte en inversión a largo plazo lo que, en general, no fue
siquiera considerado ahorro por el contratante del seguro, sin embargo, es un
ahorro desde el punto de vista financiero muy estable y a largo plazo.
Por todo esto es importante
que las autoridades económicas liberen a las aseguradoras privadas de las
inversiones obligatorias de las provisiones y reservas de contingencia de las
compañías de seguros en certificados y valores emitidos y garantizados por
instituciones del sector público y los ecuatorianos eliminemos el monopolio mal
administrado del IESS para el caso de las pensiones jubilares y servicios de
asistencia médica.
El esquema actual solamente
beneficia el modelo perverso de gasto público improductivo que estamos
viviendo, perjudicando el ahorro nacional, la inversión productiva, la
prestación de servicios médicos de calidad y pensiones jubilares justas.

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