CUANDO EL DINERO ILÍCITO COMPITE
Todos hemos visto un negocio que parece tener pocos clientes, pero permanece abierto durante años. La escena plantea una realidad menos visible: cuando el dinero ilícito ingresa en la economía formal, no solo intenta ocultar su origen. También compite. El empresario legítimo necesita vender, pagar impuestos, mantener empleos y obtener utilidades. Una empresa utilizada para lavar activos persigue otro propósito: dar apariencia lícita a recursos del delito. Al no depender de la rentabilidad, ese negocio puede soportar pérdidas, asumir alquileres desproporcionados o vender por debajo del costo por más tiempo que sus competidores. El daño va más allá del ámbito penal. El capital ilícito altera precios, desplaza inversiones honestas y ocupa espacios de la economía productiva. Esos recursos también permiten comprar empresas e inmuebles y construir redes de influencia. La economía criminal no opera al margen del mercado: se infiltra en él y modifica sus reglas. Combatirla no exige trasl...