UNA BRECHA SOBRE OTRA
Durante años hablamos de la brecha digital. Mientras algunos podían estudiar y trabajar por internet, otros carecían de una conexión estable o de un dispositivo adecuado. Esa distancia no ha desaparecido. Sobre ella comienza a levantarse otra: la que separará a quienes puedan aprovechar la inteligencia artificial para aprender y progresar de quienes permanezcan al margen. El acceso tampoco basta. Para que sea útil se requieren educación, criterio y capacidad para evaluar sus respuestas. Un estudio del Fondo Monetario Internacional advierte que disponer de esta tecnología no garantiza las mismas mejoras para todos los países. La nueva brecha no consiste solo en adoptarla, sino en contar con las capacidades para convertirla en resultados concretos. Según una encuesta del Foro Económico Mundial y McKinsey, menos de una de cada cuatro organizaciones latinoamericanas obtiene valor económico de su uso y el 6 % reporta un impacto significativo. Esta tecnología abre posibilidades. Quiene...