EL PRECIO DE IGNORAR EL RIESGO
Ecuador es un país donde el riesgo no es una posibilidad remota sino una constante. Terremotos, inundaciones, fenómenos climáticos extremos y otros eventos adversos forman parte de nuestra historia reciente. Aun así, seguimos siendo una sociedad que reacciona frente al desastre, pero que todavía no desarrolla una verdadera cultura de gestión de riesgos. Lo preocupante no es solo la frecuencia de estos eventos, sino que aún discutimos poco quién asume realmente sus consecuencias económicas. Porque alguien siempre paga. Cuando una familia no tiene su vivienda asegurada, o cuando quien sostiene el hogar no cuenta con seguros de vida o salud, el riesgo recae directamente sobre sus dependientes. Cuando una empresa carece de cobertura suficiente, el resultado puede ser el cierre del negocio y la pérdida de empleos. Y cuando los efectos son mayores, el costo muchas veces termina trasladándose al Estado y, por tanto, a los ciudadanos mediante impuestos, deuda o menor inversión pública. ...