PENSIONES: APRENDER DE LO QUE SÍ FUNCIONA
El sistema de pensiones ecuatoriano atraviesa una tensión que ya no admite paliativos. Para 2026, el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social enfrenta un descalce estructural entre ingresos y egresos que lo obliga a usar reservas para cubrir pensiones y salud. No es un problema coyuntural, sino el resultado de un diseño que dejó de ser sostenible. La pregunta ya no es si el sistema está en riesgo, sino cuánto tiempo más puede postergarse una reforma de fondo.
Conviene ordenar
el debate. La Constitución y la ley establecen que el sistema de pensiones del
IESS se rige por el principio de solidaridad. En la práctica, ese
principio opera mediante un régimen de reparto: los aportes de los
trabajadores activos financian las pensiones actuales, sin cuentas individuales
ni ahorro previsional propio. La solidaridad es un principio; el reparto es un
mecanismo. Confundirlos empobrece el debate.
El problema es
conocido. Hay más jubilados y menos aportantes, en un mercado laboral marcado
por la informalidad y una demografía adversa. Cuando los aportes no alcanzan,
se recurre a reservas que no son infinitas. Obligar a más personas a afiliarse
al mismo sistema, sin cambiar su estructura, no corrige el problema: solo
amplía recursos bajo un monopolio sin incentivos reales para la eficiencia.
La experiencia
comparada ofrece lecciones claras. Desde el 1 de enero de 2026, Irlanda se
convirtió en el país número 52 en incorporar un pilar de capitalización en su
sistema de pensiones. Este esquema se financia con aportes de trabajador,
empleador y Estado, depositados en cuentas individuales de propiedad del
afiliado. Copiar modelos que han demostrado funcionar no es renunciar a la
soberanía, sino una decisión responsable.
Por eso, el
debate de fondo en Ecuador no es meramente administrativo. Si el marco
constitucional vigente impide introducir competencia, propiedad del ahorro y
responsabilidad en la gestión previsional, el debate honesto es si el país está
dispuesto a reformar la Constitución. Un sistema de capitalización en
libre competencia —con el IESS como una opción más— protege mejor al afiliado y
hace viable la solidaridad.
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