EL “SUPERÁVIT” DEL IESS
Si mañana destituyeran al
presidente del consejo directivo del IESS y lo reemplazaran por un
administrador profesional de empresas de seguros, tendría que hacer varias
cosas. Primero, obligar al Estado
central a pagarle los mil ochocientos setenta y cinco millones de dólares
adeudados. Segundo: cobrarle al Estado los
desembolsos de salud del IESS, como consecuencia de la contribución obligatoria
del Estado ordenada en la Ley de Seguridad Social. Tercero: solicitar los cálculos actuariales
para conocer cuánto realmente se debería aportar para cubrir todas las
prestaciones ofrecidas por la Ley y que el IESS está obligado a cumplir; lo que
implicaría el incremento de los aportes que los empleados, empleadores y el
Estado realizamos al IESS. Cuarto:
reducir el excesivo gasto que tiene la institución. Quinto: cerrar los hospitales del IESS, que
son parte del gasto exagerado que no genera un servicio eficiente para los
afiliados. Es por eso que se derivan los
pacientes a hospitales privados.
Ese administrador profesional
tendría que ser despedido a las pocas semanas de su contratación, porque el
IESS se maneja política y no profesionalmente.
Hoy, a pesar del déficit, quieren construir más hospitales, cuando no
pueden operar eficazmente los actuales.
Para declarar que se continúa construyendo infraestructura. Mientras tanto, el IESS no tiene recursos
económicos para pagarles a las clínicas privadas prestadoras de servicios.
Las soluciones propuestas por el
presidente del consejo directivo del IESS, no son matemáticas, como hacen las aseguradoras
privadas. Se pretende que los afiliados
contribuyamos el 5.76 % para el fondo de invalidez, vejez y muerte y no el
9.44%, como es en la actualidad. El
aporte del riesgo de trabajo se reduce del 0.55 % al 0.20%. En cambio, el aporte para el fondo de salud
se incrementa del 5.71 al 9.94 %. Esta fórmula
tampoco es la salvación, porque según las proyecciones actuariales, los
resultados entre los ingresos y los egresos también serían deficitarios desde
el 2015 en adelante. Con el agravante
que es del fondo de pensiones desde donde se toman los dineros para otorgar
préstamos quirografarios e hipotecarios, por lo que sería imposible continuar haciéndolos.
Esa solución parche, sumada a la
deuda del Estado con el IESS; a la reciente eliminación del aporte del 40 % para
el pago de las pensiones jubilares, mediante la reforma al artículo 237 de la
Ley de Seguridad Social, para ahorrarse mil millones de dólares anuales (infringiendo
el artículo 371 de la Constitución) y la pésima administración de un monopolio
público, recortaría la vida del fondo de pensiones a cinco años. Según la Ley de Seguridad Social reformada,
el Estado tendría que aportar subsidiariamente para que no colapse el fondo de
pensiones, pero ¿cuál gobierno podría incorporar al presupuesto general del
Estado tres mil millones de dólares anuales por ese concepto?
Cuando los pacientes no están
afiliados al IESS, son derivados por el Ministerio de Salud a las clínicas
privadas. Todo funcionaría bien si es
que el Ministerio de Salud les pagara a los centros de salud privados. Actualmente les deben cinco meses y esa
cartera de Estado los ha obligado, mediante medidas cautelares, a seguir
atendiendo pacientes. El mundo no
funciona sin dinero y las clínicas privadas están al borde de la quiebra porque
tienen que seguir comprando insumos y cumplir con las obligaciones que todo
negocio tiene.
El IESS no es superavitario. Todo lo contrario. El sistema de seguridad social monopólico ha
colapsado. En cambio en Chile, el sistema de capitalización individual privado
de las inversiones para las pensiones jubilares tiene ahorrados ciento
cincuenta mil millones de dólares. Cada
chileno conoce cuánto tiene ahorrado y su rentabilidad. Ese dinero genera fondos para que se
desarrolle la economía de ese país. En
Ecuador tenemos tan solo ocho mil millones, aunque las poblaciones de ambos
países son parecidas. La diferencia es
que la gestión de acá no es técnica.
El sistema de seguro de salud
también podría ser administrado por empresas de medicina prepagada. Como en Chile o en Colombia, que son modelos
exitosos. No podemos seguir manejando esto políticamente, sino
económicamente. Si eliminamos la
ideología, los ecuatorianos obtendremos soluciones pragmáticas que nos
permitirán vivir mejor en libertad. La
seguridad social es fundamental. Hasta
eso, el Estado está obligado a pagarle al IESS lo que le debe.
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