LA NAVIDAD COLOMBIANA
Tulcán tiene una población de
unas ochenta y seis mil personas. Es la
ciudad comercial ecuatoriana más cercana a Colombia. Se encuentra ubicada a treinta minutos de
viaje en auto de Ipiales, el polo comercial del sur de ese país.
Tulcán se ha convertido en un
ejemplo de lo que las restricciones al libre comercio pueden ocasionar. Gracias a los cupos, normas técnicas y las
salvaguardias, muchos productos han dejado de ser competitivos para el
consumidor ecuatoriano, que tiene un presupuesto familiar que respetar. Las personas cruzan desde Ecuador a Ipiales
para comprar útiles escolares, tecnología, electrodomésticos, vestimenta y todo
lo que requieran a precios más bajos, porque el gobierno colombiano no los ha
gravado con tantos tributos y tiene un acuerdo de libre comercio con Estados
Unidos. La devaluación del peso
colombiano, sumado al dólar apreciado, hace que los ecuatorianos puedan comprar
más con cada dólar en Colombia. Los
almacenes de Ipiales sienten que les llegó la Navidad anticipada.
De acuerdo a
cifras de la Cámara de Comercio de Tulcán, en la ciudad funcionaban hasta hace
poco alrededor de 3.231 negocios, 29% de los cuales están ligados al
comercio, de estos el 35% en la actualidad se encuentran cerrados, el 15% casi
no vende, acumulando altos niveles de inventario, y el otro 50% se encuentra
abierto pero, por las bajas ventas, pensando en cerrar.
Otro
sector afectado es el agrícola. Por
ejemplo la papa carchense ahora no puede competir en precio con la papa
colombiana, que llega de contrabando, perjudicando a los agricultores de la
zona.
El Consejo Sectorial de la Producción declaró a Tulcán, como
"zona deprimida", por el significativo descenso de la actividad comercial.
Las medidas anunciadas por el gobierno
incluyen la firma de dos decretos que exoneran del pago del anticipo del
impuesto a la renta a la actividad comercial de la provincia y al sector del
transporte. Los carchenses preguntan de
qué renta habla el gobierno.
Habría que analizar cuánto ha dejado
y dejará de recaudar el gobierno por concepto de impuestos desde que las
salvaguardias están en vigencia, como consecuencia del contrabando que fomentan
y de los negocios que liquidan.
La solución es eliminar el exceso de impuestos, inflexibilidad
laboral y restricciones a libre comercio para que nuestros productos se vuelvan
competitivos. El sector público tiene
que cumplir su parte y reducir su tamaño, para no tener que cobrarnos tantos
tributos. Derogar el impuesto de salida
de divisas, que más que evitar que fuguen los capitales, obstaculiza la inversión
extranjera directa en una economía, que por ser dolarizada, debería ser
atractiva para los inversionistas.
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