UN MUNDO DIFERENTE
En el New York International Auto Show 2018, Audi
mostrará modelos como el SQ5. Una de las
importaciones alemanas a las que el presidente americano ha amenazado con incrementar
aranceles y restricciones comerciales, afirmando que Alemania hace lo mismo (técnicamente
ese país no las promulga, sino la Unión Europea).
El error
radica en que el SQ5 no es una importación alemana. Solamente la transmisión es alemana. El motor se fabrica en Hungría y el 63 % de
las otras partes se hacen y ensamblan en México. La marca usa el temido combo NAFTA-Unión
Europea para ser más competitiva. Los
vehículos son enviados a través de la frontera de México hacia los Estados
Unidos y también están disponibles para exportar a otros países.
El
presidente piensa que incrementar aranceles obliga a los fabricantes a producir
más en Estados Unidos y que de esa manera los europeos comprarán más
Chevrolets, pero eso es más complicado de lo que suena en un mundo globalizado.
El Chevrolet
Bolt EV, un automóvil eléctrico importante para General Motors, está compuesto
en un 26 % por piezas americanas y canadienses.
El motor y la transmisión, que es más de la mitad del vehículo, son
producidas en Corea del Sur y solamente el ensamblaje es realizado en una
planta de General Motors en Lake Orion Michigan. Ese carro es tan gringo como un encebollado.
Los
fabricantes de vehículos se han dado cuenta que el libre comercio no es
simplemente una política, sino que es esencial para la eficacia de la
manufactura. Se debe fabricar localmente cuando tiene sentido
económico. Esa es una de las razones por
las que Volkswagen, propietaria de Audi, invirtió en mayor capacidad de
producción en Tennessee.
La industria
automotriz americana no ha logrado que los carros pequeños sean rentables en
Estados Unidos, así es que parte de esa producción, como el Ford Focus, va a
México y a China. Por eso no es buena idea que Estados Unidos entre una
guerra comercial con China.
El
SUV Cruce de Buick Envision, un
potencial competidor de Audi, se fabrica en Yantai, China. El 88 % de sus piezas son fabricadas en ese
país. Buick es un éxito de ventas en
China. De hecho, G.M. vende más Buicks en
China que en Estados Unidos. Las ventas de
Cadillac aumentaron 50 % en China el año pasado.
Mercedes
Benz, en cambio, construye y exporta SUVs desde Tuscaloosa, Alabama. Esa marca dice que hay unos doscientos
proveedores vinculados a la fabricación.
La mayoría son firmas internacionales que han seguido a los alemanes a
los Estados Unidos para construir plantas allí.
Se han agregado miles de puestos de trabajo y pagan millones en
impuestos. Muchos de estos proveedores también exportan componentes a
otras plantas de Mercedes-Benz en todo el mundo, declara la compañía.
Así funciona
el comercio en un mundo racional. Ford
utiliza menos de una docena de plataformas globales, lo que significa que
cualquier coche construido en Estados Unidos puede producirse del mismo modo
(con algunas modificaciones locales) en China o Brasil.
El “all
american” Fiat Chrysler Jeep Renegade se ensambla en Melfi, Italia. Usted
puede ordenar un Renegade con un motor Tigershark construido en Dundee,
Michigan, o con un motor altamente eficiente de Fiat versión MultiAir 1.4
litros. Ambas plantas combinan
experiencia y tecnología de Chrysler y Fiat. El mundo se ha reducido. Así es como Jeep puede competir con Range
Rover y Toyota fuera de los Estados Unidos.
El
consumidor ni la industria se benefician con más aranceles o impuestos. Tal vez el Ecuador gane en la coyuntura
actual si nuestros gobernantes llegasen a comprender lo que ocurre en el siglo
veintiuno.

Comentarios
Publicar un comentario