REINVENTANDO EL AGUA TIBIA
El libre comercio significa más empleo. No solo por lo que se vende en
los mercados, sino a través de toda la cadena productiva. Desde el transporte
de insumos hasta la venta final a los consumidores. El comercio es la autopista
por la cual transitan la industria, el transporte, los depósitos, los distribuidores, almacenes, banca, todo.
Sin el comercio simplemente no existiría empleo.
Veamos el caso de Apple. Podríamos
pensar que solo genera las 80.000 plazas de empleos que tiene registrados. La verdad es que va mucho más allá. En 2016,
Apple fue responsable de más de 2 millones de empleos en los Estados Unidos. No
existe estado en el que Apple no genere empleo directo o indirecto en los
Estados Unidos de América. El grueso está en los empleos creados a través de la
App Store. Una tienda. Un comercio virtual que genera más de 1.5 millones de
empleos. Eso sucede cuando se facilita el comercio. Esa es la realidad del siglo
XXI.
El comercio nacional ha
sufrido múltiples embates durante la última década. Restricciones de todo tipo.
Sin tregua. Se rechazaron acuerdos vigentes como el ATPDEA con los Estados
Unidos; incrementaron aranceles e impuestos; impusieron sobretasas y
paquetasas.
Pero el asunto ya rebasa los
límites recaudatorios y proteccionistas. Recientes reformas a los reglamentos técnicos
para las importaciones estarían promoviendo un monopolio de acreditaciones.
Los casos son absurdos. Uno de
ellos es el que tiene que ver con los juguetes. En sencillo: el MIPRO solicita
certificar las certificaciones. Prácticamente invalida las certificaciones de
calidad internacionales, no importa cuán buenas sean. El problema se agrava más
porque solo existe una empresa autorizada para realizar esta certificación en
todo el país. Crea un monopolio.
Otro ejemplo es el de las
cerámicas. La actualización al reglamento, aprobada recientemente por el MIPRO,
establece un procedimiento que hará casi imposible importar baldosas. Aumenta
los costos de forma alarmante. Antes, se podían certificar en un solo trámite
las importaciones menores a 5.000 m2 de baldosas siempre que fueran del mismo
producto. La nueva propuesta elimina este beneficio e implica que cada diseño
ser evaluado de forma individual, incluso si solo cambia el color. Lo mismo ha
pasado con otros enseres como refrigeradoras y ventiladores. Ni qué hablar de
vehículos, llantas, prendas de vestir, cocinas y cientos de productos más.
Estas y todo tipo de
restricciones al comercio solamente destruyen el empleo. La implementación del
primer reglamento a las cerámicas y baldosas sacó del mercado a más de la mitad
de empresas de este negocio. Mientras en 2007 había 68 importadores de
baldosas, en la actualidad solo existen 23. Esta medida afectó principalmente a
las micro y pequeñas empresas. De hecho, según información del SENAE, el 80% de
importadores pequeños salió del mercado. Pero eso no es todo, de acuerdo a cifras del INEC, el
precio de este insumo se incrementó 49% entre 2006 y 2015.
No es necesario reinventar el agua tibia. Si el
interés es la calidad, basta con homologar las mejores pruebas internacionales.
Lo contrario, causa desempleo y perjudica
a los consumidores.

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