SALUD PÚBLICA
En 1898 Pierre y Marie Curie
descubrieron primero el polonio, cuatrocientas veces más radiactivo que el
uranio, y poco después el radio, tres mil veces más potente. Este hallazgo, inflamó la imaginación de la
humanidad y se comenzó a usar para todo.
Se añadió radio a los cosméticos.
Cremas faciales que mantenían la juventud eterna; tónicos para mejorar,
fortalecer y embellecer el cabello; dentífricos para blanquear los dientes y aniquilar
las caries; pomadas milagrosas para combatir la celulitis. Si te ponías una bolsa con radio en el
escroto, se curaba la impotencia y si la bolsa la atabas a la cintura, sanabas
la artritis. Incluso se comercializó una
lana radiactiva carísima para hacer ropa de bebé. ¡Cuánta gente murió destruida en el camino!
El entusiasmo perduró tres
décadas hasta que los resultados mostraron al público las tremendas
consecuencias de la radioactividad.
Ocurrieron escándalos y las autoridades tomaron medidas. Es increíble que no hayan actuado antes en
Europa, ni en Estados Unidos.
Seguramente demasiados intereses en juego. Hoy vemos cómo intereses parecidos aniquilan
ciudadanos de Ecuador y de países desarrollados. Los gobiernos no controlan debidamente las
sustancias con la que se producen nuestros alimentos. Nixon declaró la guerra al cáncer hace más de
cuatro décadas. Desde entonces existe un
incremento de los pacientes. Trece por ciento de la población mundial muere por
ese mal.
Los médicos son entrenados
para prescribir medicinas. Si uno toma
una pastilla para reducir el colesterol, podríamos sufrir todos o algunos de
los siguientes efectos secundarios: estreñimiento, diarrea, fatiga, gases,
acidez, dolor de cabeza, dolor muscular y destrucción del musculo esquelético. Tal vez curemos el tema del colesterol, pero
abriremos varios otros frentes que afectarán nuestra salud, para los cuales,
seguramente nos recetarán nuevas medicinas con efectos secundarios adicionales. ¿No sería mejor recibir una materia en el
colegio que nos enseñe a nutrirnos y cocinar debidamente? Después de todo, no
existe nada más importante que la salud.
Así como se realizan campañas gubernamentales para difundir logros, se
debería informar a la población sobre la mejor manera de alimentarse. Eso permitiría disminuir la inversión
en salud pública porque reduciría el uso de proveedores médicos
estatales. Hasta eso, podemos intentar
tener la mejor calidad de vida posible.
Se logra con ejercicio y alimentación.
Según los estudiosos del tema, el setenta por ciento del buen estado
físico depende de la correcta nutrición y solamente el treinta por ciento del
deporte. Muchos hubiéramos pensado lo
contrario.
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