UNA BRECHA SOBRE OTRA

Durante años hablamos de la brecha digital. Mientras algunos podían estudiar y trabajar por internet, otros carecían de una conexión estable o de un dispositivo adecuado. Esa distancia no ha desaparecido. Sobre ella comienza a levantarse otra: la que separará a quienes puedan aprovechar la inteligencia artificial para aprender y progresar de quienes permanezcan al margen.

El acceso tampoco basta. Para que sea útil se requieren educación, criterio y capacidad para evaluar sus respuestas. Un estudio del Fondo Monetario Internacional advierte que disponer de esta tecnología no garantiza las mismas mejoras para todos los países. La nueva brecha no consiste solo en adoptarla, sino en contar con las capacidades para convertirla en resultados concretos.

Según una encuesta del Foro Económico Mundial y McKinsey, menos de una de cada cuatro organizaciones latinoamericanas obtiene valor económico de su uso y el 6 % reporta un impacto significativo.

Esta tecnología abre posibilidades. Quienes aprendan a incorporarla a su trabajo podrán aumentar su productividad, adquirir conocimientos y concentrarse en tareas más complejas. El riesgo es que no todos cuenten con recursos para adaptarse al nuevo entorno. Algunas oportunidades laborales para quienes comienzan su carrera podrían reducirse, especialmente en puestos basados en tareas rutinarias, y otras ocupaciones cambiarán. Los beneficios pueden concentrarse entre quienes ya poseen capital, educación y competencias digitales.

En Ecuador, la inteligencia artificial llega en medio de altos niveles de informalidad, baja productividad y marcadas diferencias en el acceso a una educación de calidad. Persisten personas y territorios sin conectividad adecuada. Si sus ventajas quedan reservadas para pocos, crecerá la distancia entre quienes pueden avanzar y quienes continúan rezagados.

Una mayor desigualdad no es un destino tecnológico. Sería la consecuencia de llegar tarde con la conectividad, la educación y la capacitación. La inteligencia artificial no decidirá por sí sola qué sociedad tendremos. Esa decisión todavía es nuestra.

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