CUANDO EL DINERO ILÍCITO COMPITE

Todos hemos visto un negocio que parece tener pocos clientes, pero permanece abierto durante años. La escena plantea una realidad menos visible: cuando el dinero ilícito ingresa en la economía formal, no solo intenta ocultar su origen. También compite.

El empresario legítimo necesita vender, pagar impuestos, mantener empleos y obtener utilidades. Una empresa utilizada para lavar activos persigue otro propósito: dar apariencia lícita a recursos del delito. Al no depender de la rentabilidad, ese negocio puede soportar pérdidas, asumir alquileres desproporcionados o vender por debajo del costo por más tiempo que sus competidores.

El daño va más allá del ámbito penal. El capital ilícito altera precios, desplaza inversiones honestas y ocupa espacios de la economía productiva. Esos recursos también permiten comprar empresas e inmuebles y construir redes de influencia. La economía criminal no opera al margen del mercado: se infiltra en él y modifica sus reglas.

Combatirla no exige trasladar nuevas cargas al empresario formal. Las instituciones públicas ya reciben información tributaria, laboral, societaria y aduanera. La ley también obliga a las empresas a identificar ante el SRI a sus beneficiarios finales: las personas que realmente son sus dueñas o controlan sus decisiones. El cruce de esos registros permite detectar inconsistencias que pasarían inadvertidas si cada organismo analizara únicamente la información que posee.

El desafío no es crear otro formulario u obligación, sino procesar esos datos mediante sistemas de análisis automatizado, incluida la inteligencia artificial, siempre bajo supervisión humana. Las decisiones deben responder a criterios transparentes y sustentarse en evidencia. Las alertas deben orientar una investigación; no reemplazan la prueba. El control no puede convertirse en licencia para sospechar de quien fracasa. La respuesta pública debe ser proporcional y respetar el debido proceso, la privacidad de los datos y los derechos de terceros de buena fe.

Defender la economía formal exige algo más que reducir cargas: proteger al empresario honesto frente a capitales cuyo origen no está en producir riqueza, sino en haberla arrebatado. Seguir el dinero ilícito no es solo política de seguridad: es política de competencia.

Comentarios

Entradas populares