EL COSTO DE LLEGAR TARDE
En Ecuador muchas crisis podrían evitarse porque conocemos de antemano sus causas. Sabemos que vendrán estiajes, que crecerá la demanda eléctrica, que la infraestructura requiere mantenimiento y que hace falta inversión. Sin embargo, con frecuencia postergamos las decisiones necesarias hasta que la emergencia nos obliga a tomarlas.
Los apagones de
2024 lo ilustran. El Banco Central estimó en USD 1.916 millones las pérdidas
por los cortes de energía, equivalentes al 1,4% del PIB. El estiaje fue
excepcional, pero la vulnerabilidad venía de antes: dependemos en exceso de la
hidroelectricidad y no incorporamos a tiempo la capacidad que exigía la
demanda.
Esta realidad
también debería llevarnos a revisar el modelo que hemos elegido para los
sectores estratégicos. El artículo 313 de la Constitución dispone que el
Estado se reserva el derecho de administrar, regular, controlar y gestionar los
sectores estratégicos; el 316 permite delegar a la iniciativa privada el
ejercicio de esas actividades solo de forma excepcional. Así, reservamos al
Estado la responsabilidad principal de realizar inversiones cuantiosas, aun con
finanzas públicas deficitarias, mientras limitamos la posibilidad de incorporar
mayores recursos económicos, tecnología y capacidad de ejecución del sector
privado.
En los últimos
años se han aprobado reformas para facilitar la inversión privada en generación
eléctrica. Es un avance, pero subsiste un límite de fondo: la Constitución
continúa concibiendo la participación privada en los sectores estratégicos como
excepcional.
No se trata de
privatizarlo todo ni de debilitar al Estado. Un Estado fuerte debe regular,
controlar y proteger el interés público. Pero regular no significa producir,
construir u operar.
¿Por qué la
inversión privada debe ser excepcional precisamente en sectores que exigen
enormes recursos y donde llegar tarde tiene consecuencias para todos?
El problema
trasciende la electricidad. Cada proyecto que demoramos tiene costos que no
aparecen en el presupuesto: empleos que no se crean, producción que no ocurre y
oportunidades que otros países aprovechan.
El desafío es
comenzar a construir capacidad. Prevenir cuesta, invertir cuesta y mantener
cuesta. Pero llegar tarde
cuesta mucho más.
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