EL PAÍS DE LA URGENCIA
En Ecuador muchas decisiones parecen tomarse mirando únicamente el presente inmediato. La urgencia del día desplaza la planificación y pensar en el futuro termina convirtiéndose en un lujo. El resultado es un país que vive apagando incendios.
Apagar incendios
tiene un costo que rara vez se contabiliza. La infraestructura se deteriora
hasta que aparece la emergencia. Los riesgos naturales se enfrentan después del
desastre. La prevención suele parecer costosa, hasta que el costo de no haber
prevenido resulta mucho mayor. No es solamente un problema de recursos: es
también un problema de horizonte temporal.
La industria
aseguradora conoce bien esa lógica. Nadie compra un seguro después del
siniestro. Todo el sistema funciona sobre una premisa que Ecuador aún no ha
interiorizado del todo: anticipar el riesgo es más inteligente y más económico
que reaccionar ante él. Esa idea no aplica únicamente a los seguros. Aplica
también a la manera en que una sociedad entera toma sus decisiones, tanto en el
plano individual como en el colectivo.
Incorporar esa
visión de largo plazo exige cambios en tres niveles. A nivel ciudadano,
desarrollar hábitos reales de planificación: ahorrar, protegerse frente a
riesgos y prepararse mejor para los imprevistos que hoy se enfrentan sin
ninguna red de respaldo. A nivel empresarial, entender que invertir en
prevención no es un gasto sino una decisión estratégica que reduce pérdidas
futuras y fortalece la competitividad. A nivel institucional, construir
políticas públicas capaces de superar la coyuntura y los períodos de gobierno:
en infraestructura, en gestión de riesgos naturales y en seguridad jurídica. La
continuidad genera confianza, y la confianza es la condición mínima para que
personas y empresas puedan planificar e invertir con horizonte de largo plazo.
Ninguna de estas
transformaciones ocurre espontáneamente ni de manera rápida. Pero todas apuntan
al mismo cambio estructural: pasar de reaccionar a anticipar. Ese es el hábito
que Ecuador necesita construir con urgencia, aunque suene paradójico.
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