UNA LECCIÓN DE VIDA
El domingo 13 de abril regresábamos de un viaje familiar. Veníamos contra el reloj, preocupados por llegar a tiempo a votar. Además, cada uno sufragaba en un lugar distinto. Al ingresar apurado al recinto electoral, vi a una señora mayor algo desorientada. Buscaba su Junta. La ayudé. Resultó que votábamos en la misma.
Ya en la fila,
nos alcanzó otro adulto mayor. Venía con un familiar joven. Se conocían con la
señora. A él lo saludaban varias personas. Tenía ese aire de quien fue un hombre
de reconocida probidad, pero llevaba tiempo sin dejarse ver. Ella le preguntó
cómo estaba y él contó que se había caído días antes y que no se sentía bien.
No hablaron de política. Fue una conversación breve, amable, entre personas que
estaban usando sus últimas fuerzas para cumplir con un deber cívico. Era
evidente: estaban ahí por algo más grande: el país.
Pudieron
quedarse en casa. Tenían derecho. Pero eligieron lo contrario. Decidieron no
ser testigos, sino protagonistas. Ejercieron su voto facultativo con
convicción. Al salir, pensé que había sido una coincidencia. Pero en las redes sociales
vi que no: miles de adultos mayores habían hecho lo mismo. Percibieron el
peligro y decidieron actuar.
Desde esta
columna lo repito: debemos valorar a quienes han vivido, luchado y aportado. A
quienes entienden lo que está en juego porque ya lo han visto antes. Esta
sociedad les ha fallado durante demasiado tiempo: sin infraestructura adecuada,
sin pensiones justas ni salud pública digna. No basta con admitirlo. Tenemos
que actuar en reciprocidad. Trabajar desde ya —como ciudadanos, como
instituciones, como país— para transformar esa realidad. Con suerte, todos
llegaremos a esa edad. Y depende de nosotros que vivirla sea motivo de
gratitud, no de abandono.
Hoy los celebro.
Bravo, abuelitos y bisabuelitos. Nos recordaron lo esencial: que nunca es tarde
para dar el ejemplo. Gracias por recordarnos lo que significa el compromiso para
construir un mejor país. Y que las mejores lecciones, casi siempre, vienen de
quienes ya vivieron para enseñarlas.
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