APRENDER A PREPARARSE
En 1997, el fenómeno de El Niño provocó pérdidas económicas estimadas en miles de millones de dólares y afectó gravemente la infraestructura, la agricultura y las comunidades más vulnerables del país. Décadas después, el patrón se repite: llega el desastre, se cuantifican los daños y se buscan recursos para reconstruir. Reaccionamos bien. Lo que no hemos aprendido es a anticiparnos.
Los organismos
meteorológicos internacionales han advertido sobre la posibilidad de nuevos
eventos climáticos extremos en la región. La Secretaría de Gestión de Riesgos
identificó 143 cantones vulnerables en 17 provincias. Las alertas están
activadas. La experiencia demuestra que estos fenómenos volverán a ocurrir. La
pregunta es qué hacemos mientras el próximo evento todavía no llega.
La prevención
adopta muchas formas: infraestructura resiliente, sistemas de alerta temprana,
planificación territorial y mecanismos financieros capaces de responder con
rapidez. Cada una exige decisiones que deben tomarse antes del evento, no
durante ni después. Y, sin embargo, seguimos destinando recursos
mayoritariamente a la respuesta y la reconstrucción, no a la preparación.
En el mundo
existen herramientas diseñadas para cerrar esa brecha. Los seguros paramétricos
pagan automáticamente cuando un parámetro objetivo se activa: el nivel de un
río, la intensidad de un sismo o el volumen de lluvia registrado. Sin
ajustador, sin negociación y sin demora. Los utilizan agricultores en África,
municipios en México y gobiernos en el Caribe para obtener liquidez inmediata
ante un evento extremo.
Ecuador debería
avanzar en esa dirección. El desafío es colectivo: Estado, gobiernos locales,
sector financiero, mercado asegurador y organismos de cooperación
internacional. Los seguros paramétricos no reemplazan la política pública ni
las obras de prevención. Son un complemento que puede acelerar la recuperación
y proteger a las poblaciones más vulnerables.
Después de
décadas de convivir con terremotos, inundaciones y fenómenos climáticos
extremos, quizás la lección pendiente no sea cómo reconstruir después del
desastre, sino cómo prepararnos antes de que ocurra.
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