SIN JUSTICIA CONFIABLE, EL RIESGO SE ENCARECE
La confianza en la justicia suele verse como un desafío jurídico. Pero sus efectos son profundamente económicos. Cuando las decisiones no son previsibles o los procesos carecen de certeza, el impacto no se queda en los tribunales: se traslada a toda la economía.
En entornos
donde la justicia no genera confianza, el riesgo se vuelve difícil de
anticipar. Y cuando no puede anticiparse, se encarece. Este costo se refleja en
decisiones más conservadoras, menor inversión y mayores barreras al desarrollo.
En materia de
seguros, Ecuador ofrece varias vías: el reclamo directo a la aseguradora, el
reclamo administrativo ante la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros
(SCVS), el arbitraje especializado y la justicia ordinaria. Su valor real
depende de su eficiencia, especialización y previsibilidad.
El reclamo
administrativo, previsto en el artículo 42 de la Ley General de Seguros, tiene
un alcance definido: la SCVS determina si procede el pago, pero no tiene
facultad para ordenarlo cuando existe controversia sobre la valoración de los
daños. La Corte Constitucional, en sentencia de 2024, precisó que actúa en
ejercicio de facultad administrativa, no jurisdiccional. Cuando la controversia
supera ese umbral, la vía administrativa encuentra su límite.
Ahí cobra
relevancia el arbitraje: decisiones técnicas, plazos definidos y mayor
previsibilidad. El artículo 25 de la Ley General de Seguros exige que toda
póliza incluya la opción de arbitraje o mediación. Mecanismos eficientes no
solo resuelven disputas: reducen la incertidumbre para todas las partes (asegurados
y aseguradoras) y fortalecen al seguro como instrumento de estabilidad.
No es casual que
Ecuador tenga una penetración aseguradora inferior al 2% del PIB. La
incertidumbre jurídica también explica ese rezago y limita el desarrollo de
instrumentos de protección frente a eventos adversos.
Los países más
estables no son los que tienen menos disputas, sino los que los resuelven
eficientemente. La calidad de la justicia define el costo del riesgo. Porque el
riesgo siempre estará presente. La diferencia está en cuánto cuesta
enfrentarlo.
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